La Mentira del “no tengo tiempo”
¿Quién no ha recibido alguna vez la re- spuesta de “es que no tengo tiempo” a peticiones tales como ¿cuando queda- mos? o ¿por qué no hablamos?.
La negación de disponer de tiempo es posiblemente la mentira más amplia- mente utilizada. Todos tenemos tiem- po, pero éste va del brazo de nuestras prioridades.
Quizá, más que mentira, se le podría llamar frase sin acabar y… sin empe- zar. No es que no tenga tiempo, es que ¡no tengo tiempo para ti!
Es una cruel negación. Uno quiere creer que quizá tal persona esté tan ocupada que de veras no pueda.
En otras palabras, te podría decir: Es que no eres lo bastante importante, ¿sabes?
Por encima de ti está darme una ducha, pintarme las uñas mientras veo la tele, ir al gimnasio, leer un rato, chatear, salir con mis amigas… y sólo, sólo si después de eso me quedan ganas
y un espacio de tiempo que no sé con qué rellenar, vas tú.
Así que, amigo, es muy difícil que te toque.
Y el ejemplo no vale sólo para esa chica que te deja sin respiración en cuanto la ves.
Vale también para tu mejor amiga, para tu vecina, para tu madre, para tu hermana, para tu novia…
Si oyes el no tengo tiempo en respuesta a alguna de tus proposiciones o peticiones de favores, sabrás en que estima te tienen: baja.
Para ellas eres completamente prescindible y ocupas un lugar tan bajo en su lista de prioridades que, más que prioridad, encabezas la lista de molestias.
¿No me crees? Haz memoria. Seguro que te queda algo que hacer por alguien que no haces más que posponer y posponer. Hasta que tengas tiempo.
